jueves, 23 de noviembre de 2017

Benny Golson, la humildad de la grandeza

El arte, como cualquier actividad del ser humano, esta siempre plagado de historias que con el paso del tiempo nos hacen comprender mejor cada obra. El jazz no es una excepción, y hace mucho que oí hablar del trompetista Clifford Brown, fallecido muy joven en un accidente de tráfico. Brown había coincidido en la orquesta de Lionel Hampton con un también joven saxofonista que quedó muy afectado por la pérdida de su colega, y decidió escribir una melodía que lo inmortalizase. Así nació “I Remember Clifford”, una de las tonadas más versionadas de la historia. Y quiso el azar, puede que como agradecimiento, regalar a su compositor los años de vida extra que Clifford no pudo disfrutar. Hablo de quien tuvo un papel fundamental  – aún apareciendo solo unos segundos en pantalla – en “La terminal” de Spielberg, por quien el personaje de Tom Hanks fue capaz de franquear tantas dificultades con tal de conseguir un autógrafo suyo. Hablo del creador de temas ya tan míticos como “Killer Joe”, “Blues March” o “Whisper not”. Hablo del hombre que, junto a Art Farmer, fundó una de las mejores bandas del hard bop, “The jazztet”. Hablo, en definitiva, de una leyenda viva de la música norteamericana: Benny Golson.

Nuevamente Clasijazz, con ese ‘loco maravilloso’ llamado Pablo Mazuecos al frente, marca un hito en la historia de la música almeriense, y el pasado domingo esta sala volvió a colgar el cartel de “no hay billetes” y nos permitió disfrutar de otra jornada mítica.

El concierto comenzó con la Big Band ‘Clasijazz Swing & Funk’, donde ahora mismo militan los futuros valores de nuestra música. Dirigida alternativamente por  los saxofonistas Mike Fletcher y Antonio Gonzalez, interpretaron tres composiciones compuestas y arregladas por Golson: “Along came Betty”, el celebérrimo “I Remember Clifford” y la maravillosa “Whisper not”. Para ellos era una satisfacción y una responsabilidad, interpretar ese repertorio ante su creador, porque Mr. Golson no tuvo inconveniente en mezclarse con el público y disfrutar de la interpretación de sus composiciones.
Desde la veteranía de mi buen amigo el contrabajista granadino Guillermo Morente hasta la juventud de nuestro nuevo valor de la trompeta, Jose Carlos Hernández, para todos fue especial que Benny los aplaudiese e incluso guardase algún recuerdo con su propio móvil.
Pero el momento esperado de la noche llegaba cuando Golson y sus músicos subieron al escenario. El concierto comenzó con un tema de una grabación reciente, “Horizon Ahead”, un delicioso swing a medio tiempo para calentar y demostrar que mantiene su elegante fraseo y su reconocible sonido al tenor.
El trío que le acompañaba era de auténtico lujo: Joan Monné, un pianista de impecable técnica, Ignasi Gonzalez, uno de los mejores contrabajistas de nuestro país y el batería alemán Jo Krause, sólido y contundente con las baquetas. Todos le dieron el soporte preciso para desarrollar su arte. Emocionante fue el inicio de su mítico “Whisper not”, con una interpretación de la melodía muy cercana al estilo susurrante del gran Ben Webster. Grandísimo el solo de contrabajo de Ignasi en este tema, por cierto.

Continuaron con “Confirmation”, a un tempo algo mas rápido – aunque no tan endiablado como solía hacerlo Parker - y donde Krause se lució en unos fabulosos “cuatros” que confluyeron en un tremendo solo final.

El maestro se tomó un respiro durante el cual el trío nos deleitó con un fantástico “Yesterdays”, con Monné desgranando delicadamente la preciosa melodía. Benny se encontraba cómodo con el público y compartió anécdota sobre “Stablemates”, tema que en su día facilitó a Coltrane y que terminó grabando el propio Miles. El concierto se acercaba al final acudiendo a un clásico, “Take the A train”, un tema que quizás no habría nacido de haber existido los GPS en los años cuarenta.

Aún quedaba la guinda, el momento en el que la humildad de este gran músico quedó patente al ciento por ciento: compartir escenario y composición con esos jóvenes músicos de la big band. Para ello nada mejor que ese marcial y festivo blues de su cosecha, “Blues march”.

Una nueva demostración de que la música no entiende de fronteras, idiomas o ideologías. Cuanto tendrían que aprender nuestros dirigentes políticos de músicos como Benny Golson.


viernes, 6 de octubre de 2017

Jorge Pardo, benditos experimentos

En plena adolescencia un joven flautista madrileño se plantó a principios de los setenta en los estudios de Popular FM. Su intención no era otra que conocer en persona a ese locutor al que tanto admiraba y que pinchaba una música que  empezaba a interesarle, el jazz. El locutor era Juan Claudio Cifuentes, y ese joven aspirante a músico Jorge Pardo.

Desde entonces este inquieto artista ha ido progresando, paso a paso, con tesón y talento, hasta convertirse en una de nuestras figuras más internacionales. Más de cuatro décadas han pasado desde esa anécdota, los suficientes para que cualquier artista acabe apoltronado, preso de sus hábitos o muerto de éxito. Eso no ha ocurrido con Jorge Pardo, aunque ya lo intuía tras escuchar sus últimos experimentos sonoros como este ‘Djinn’ que nos presentaba en el Cervantes.

El telón del teatro se alzó y con una luz tenue se vislumbraba el fondo del escenario dejando a la vista su aspecto de vieja taberna. Cuatro compadres se acercaron a la barra comenzando a cantar una soleá, golpeando las viejas maderas, hasta que un quinto los recondujo hacia su lugar, el espacio escénico donde se iba a iniciar toda una aventura sónica. Esa soleá se prolonga durante veinte mágicos minutos, aferrándose su esencia pero adelantándose al futuro. Seguro que si El Borrico, el Talega o el tío Ricardo levantasen la cabeza sonreirían socarronamente al reconocer sus cantes. Pero, a su vez, quedarían extrañados de que gentes de otra galaxia se los hubiesen apropiado. Y es que las sonoridades que nos asaltaron a partir de ese momento nos crearon la extraña sensación de asistir a un viaje en el tiempo en el que no terminaba uno de decidir si la fecha en el DeLorean se había fijado ochenta años antes o después de nuestros días.
Ya en ese primer envite Jorge dejó claro que él es una pieza más – de importancia vital, eso sí – en el engranaje de espectáculo. Cada uno de sus músicos iba tomando las riendas con suavidad, y sin darte cuenta Tony Romero te iba atrapando con sus teclas e incluso su voz acompañando los solos llenos de flamenco y psicodelia. Discreto – y quizás algo falto de volumen – el gran Ramón Barranquero conseguía extraer de su guitarra flamenca sonidos impensables. En la contundente sección rítmica el bajo de Pablo Báez mandaba, dejando volar al joven David Bao, que impresionó con su dominio tras los tambores - proviene de familia de sobrada solvencia en las lides rítmicas de rock de nuestro país-, no dejando de crear sin perder el complejo pulso de esas amalgamas rítmicas.
La banda consiguió mantenernos con la respiración contenida en una sucesión de extensos temas y desarrollos instrumentales complejos y emocionantes, con algunas melodías provenientes del ‘Djinn’ y otras que eran fruto de la misma experimentación e improvisación del momento, repartiéndose el maestro Pardo entre sus saxos y flautas, y el lanzamiento de samples en sus ratos libres.

Difícil destacar algunos momentos por encima de otros pero me impresionó, por ejemplo,  “Recordando al Borrico” con sus momentos de dureza de los hammond de Romero, recordándome a los más grandes del prog, pero sobre unas bases armónicas y rítmicas muy alejadas de lo británico. Mención aparte merece esa ‘Taranta in Blue’ donde la comunión entre teclados y flauta se tornó casi mística.
No soy docto en flamenco, lo mío es el jazz, por lo que no me extenderé en explicaciones en esa materia, pero sonaron tanguillos y unas bulerías en recuerdo de Paco de Lucia, Camarón y de la Perla de Cádiz.
Para el final se reservó ‘Afrokrisnabeat’ - de su anterior disco ‘Historias de Radha y Krishna’-, donde primaba la mezcla con lo oriental y cierto sabor a Coltrane, a ese amor supremo por la pureza de la mezcla que Jorge tan bien sabe entender.
Concierto redondo, serio, sin concesiones, con alma y sentimiento. De los que dejan huella. Dice el propio músico en el libreto de su disco que en la física cuántica el observador es capaz de modificar el resultado de un experimento y, por extensión, lo atribuye a los espectadores de sus conciertos, así que marché contento de haber sido parte activa de lo sucedido. Benditos experimentos.



viernes, 29 de septiembre de 2017

Jorge Pardo, un genio con duende


Artículo en La Voz de Almería el 29-09-2017, previo al concierto de Jorge Pardo en el Teatro Cervantes para presentar su nuevo trabajo, Djinn

A Jorge Pardo le da un poco de reparo reconocer que formó parte fundamental de esa generación que cambió la forma de entender y ejecutar el flamenco, pero no hay más que oír los discos de la banda Dolores en la década de los 70 para comprobar que es demasiado modesto.  En una reciente entrevista me contaba “aquello fue un poco en paralelo, porque una evolución o un estilo no se da nunca de una manera personal, un músico solo, por grande que sea - incluidos Paco de Lucia o Camarón- , sino que se da cuando una generación de una manera solapada, y los diferentes miembros de esa tendencia musical se van,  por así decirlo, "dando cuerda" unos a otros...."
El Miles Davis del jazz-flamenco
Y Paco se lo llevo a recorrer el mundo con su ya mítico sexteto, y a formar parte de la leyenda. Pero no contento con ello, Jorge ha seguido siempre buscando de forma incesante todo tipo de experiencias musicales con diferentes formaciones, algunas más puramente jazzisticas siguiendo la tradición y otras fusionando todo lo que se ponía por delante. Siguiendo un poco la estela de grandes como Miles, a quien admira profundamente, cada cierto tiempo se reinventa y se rodea de nuevos y jóvenes músicos,  dando lugar a unos discos realmente interesantes, como ‘Huellas’ o ‘Historias de Radha y Krishna’.
Su nuevo disco
‘Djinn’ , su último trabajo y el que viene a presentarnos  es un buen ejemplo de estas investigaciones, estos "collages" musicales. En él ha realizado una investigación muy seria sobre algunos cantaores de los años 30 y 40, mezclándola con ritmos procedentes del rock o casi el hip-hop, combinando seguiriyas con funky, tarantas con Gerswing,  y soleás, bulerías o rumbas con swing. Todo ello con el fraseo inspirado en los antiguos y dentro del marco de la música improvisada, y combinando instrumentos tradicionales, como sus saxos y flautas o la guitarra flamenca, con teclados de última generación y todo tipo de efectos.
Su joven banda
Lo podremos disfrutar  acompañado de Tony Romero, pianista conocido por ser uno de los miembros más antiguos Chambao, el batería David Bao, el también joven bajista sevillano Pablo Baez y el guitarrista malagueño, Ramon Barranquero, quizás el más flamenco de la formación.
 El próximo 30 de septiembre el Teatro Cervantes va a acoger a uno de los músicos más internacionales de nuestro país, con una propuesta arriesgada y novedosa. Pero, y esto lo saben todos los que le han visto en directo, sin olvidar que la música que nos ofrece es pura diversión y alegría.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Cifu, imposible vivir sin el jazz

Articulo sobre la presentación del libro de Antoni Juan Pastor sobre la vida de Juan Claudio Cifuentes, celebrada en Clasijazz (Almería) el 20-07-2017

La vida se compone de un cúmulo de casualidades en las que el azar casi siempre manda. Y fue la casualidad la que llevó al médico Antoni Juan Pastor a encontrarse con uno de los más grandes comunicadores de nuestro país, Juan Claudio Cifuentes.
A "Cifu" - como a él le gustaba siempre que lo llamasen sus amigos - Antoni lo conoció, como tantos aficionados al jazz, trasnochando semana tras semana a finales de la década de los 80 intentando no perderse el espacio "Jazz entre amigos", ejemplo aún no superado de cómo debe hacerse un programa musical en televisión. Desde entonces para él se convirtió en una figura inalcanzable, alguien que sabía todos los secretos de la música que le apasionaba. No podía sospechar que acabaría convirtiéndose en su biógrafo oficial.
El libro. Y recala hoy por nuestra capital precisamente a presentarnos el resultado de ese arduo  pero, a la vez,  placentero trabajo de investigación periodística y musical titulado "Juan Claudio Cifuentes: Una vida de jazz, una vida con swing", más de trescientas páginas que conforman una obra que, organizándose por décadas, va recomponiendo de forma muy amena  la azarosa vida de este admirado comunicador, convirtiéndose ya , hoy por hoy, en una obra imprescindible para cualquier aficionado a la historia de la buena música.
Y además su interés crece al convertirse en un recorrido por la historia del jazz nacional, incluso con algunas referencias a nuestra tierra - nuestro añorado “Georgia Jazz Club” aparece en varios momentos en la obra – y con toda una colección de fotografías y documentos, muchos de ellas verdaderas joyas históricas.
Los colaboradores. El autor  ha contado con la ayuda y total apoyo  de la familia Cifuentes, de la asociación Cifujazz  y de los muchos profesionales y amigos que convivieron con él en diferentes momentos de su extensa carrera,   periodistas como Jose Ramón Rubio, Pablo Sanz o Marta Ramón, sus colaboradores en “Jazz entre amigos”, Javier Diez Moro, Marcelino Merino y Carlos González,  músicos como Jorge Pardo, Vlady Bas, Pedro Iturralde o David Pastor, y el almeriense Alejandro Reyes,  fundador del Club de Música y Jazz San Juan Evangelista, que también ha confirmado su asistencia al acto.

La presentación. Interesantísimo, por tanto, se presenta este acto, que se celebrará hoy a las 21:30 horas en las instalaciones de Clasijazz, con entrada libre hasta completar aforo. Se trata de una ocasión inmejorable para adquirir un ejemplar de esta obra y llevárselo firmado por su propio autor. No podemos rendirle mejor homenaje a Cifu que acudir allí y llevarnos a nuestra biblioteca su historia, la historia del jazz.

domingo, 30 de julio de 2017

Perico Sambeat Ensemble: Zappa sigue vivo

La mente es como un paracaídas. Solo funciona si se abre”. Esta sentencia proviene de una de esas mentes abiertas, la del músico norteamericano Frank Zappa. Marchó hace 25 años dejando tras de sí un abultado legado, no solo por la cantidad de grabaciones, sino por la calidad y honestidad de todo lo que hizo durante su vida.
Genial, irreverente, políticamente incorrecto, Zappa es el músico más osado de la historia del rock. Incursionó prácticamente en todos los géneros musicales, y muy especialmente en el jazz en ciertos períodos. Y aquí es donde aparece, de entre su legión de músicos admiradores,  uno muy concreto: el saxofonista valenciano Perico Sambeat.
Me contaba Perico en una reciente entrevista que ya escuchaba a Zappa desde su más tierna juventud, siendo sus discos de cabecera del bigotudo guitarrista aquellos “Hot Rats”, “The grand Wazoo” y “Over-nite Sensation”, perfectos ejemplos de lo que era capaz de dar de sí.
Espoleado por Chevi Martinez, propietario del club de referencia en Valencia, el  ’Jimmy Glass’, este saxofonista, uno de los más respetados y reverenciados de nuestro país en la actualidad, se embarcó en una tarea engañosamente placentera. “Acepté el reto pensando que las partituras serían fáciles de conseguir, pero el lio comenzó cuando comprobé que o no existían o estaban incompletas, así que tuve que transcribir prácticamente toda la música”, me relataba Sambeat. No se limitó a transcribir; hizo también aportaciones en forma de arreglos o fragmentos añadidos a los temas originales, abriéndolos más al mundo de la música improvisada. Finalmente todo se transformó en un disco magníficamente producido y la posterior gira de la que hemos disfrutado el pasado jueves en Clasijazz.
Resulta arduo describir lo que vivimos, así que voy a emplear palabras sueltas y que sea el lector el que las enlace y asimile como guste: energía, precisión, humor, pasión… ¿Hace falta seguir? 
Ocho músicos descendieron de la nave de la música valenciana –potencia mundial incontestable - desparramándose por el escenario. La columna vertebral era la sección rítmica, que se torna vital para un proyecto como este: Miquel Asensio “Rochet” en las baquetas y Julio Fuster al bajo y contrabajo, se emplearon a fondo para que todo el entramado rítmico fuese perfecto. Tras las teclas, Santi Navalón, erudito en Zappa, suministraba el colorido necesario con un arsenal de sonidos perfectamente elegidos. A ambos lados del líder, y encarando con valentía el nada sencillo repertorio, Toni Belenguer, trombonista queridísimo por los almerienses, Javier Vercher, saxo tenor de  enorme proyección internacional, Voro Garcia, joven trompetista que ya figura entre los más grandes y un inspiradísimo Ivan Cebrian en la guitarra, con el complejo papel, como Perico indicó en varios momentos, de ser “el Zappa de la formación”.
Comenzaron  con el impactante “Zomby Woof”, sentando las bases: potencia y arreglos con precisión de relojero, que dan paso a momentos de total libertad creativa sobre un manto puramente funk. De ahí al sinuoso “It must be a Camel”, la irreverente “Don't You Ever Wash That Thing”, el experimental “For Calvin”, con alucinante solo de trombón salpicado por unos sorprendentes ladridos y desembocando en una de las mas alucinantes improvisaciones colectivas que he podido presenciar jamás, el potente medley “Imaginary Diseases/Tink Walks Amok”, la loca historia espacial de “Inca Roads”, con fabulosos arreglos para vientos y otro lisérgico solo de guitarra de Cebrian, la curiosa y desvergonzada balada “I Promise Not to Come in Your Mouth” con excelente solo de sintetizador y acabando con “A Pound for a Brown”. Como guinda, la composición más conocida del universo Zappa: “Peaches en Regalia”, una melodía de fantasía que ya no pude quitarme de la cabeza hasta que cogí el sueño.

Zappa sigue vivo, y el octeto de Perico Sambeat lo va a demostrar cada noche mientras los dejen, gozando y haciendo vibrar a los oyentes de una música que no tuvo ni tendrá ningún tipo de fronteras. En estos tiempos funestos en los que innombrables cantantes se suben a escenarios para escandalizar a propios y extraños haciendo como que cantan, no puedo por más que insistir en que la música verdadera, la que se hace con el corazón y con la mente abierta, es la que nos va a hacer mejores personas. Zappa forever.


lunes, 20 de marzo de 2017

Pink Tones: La reencarnación de los arquitectos del rock

La banda Pink Tones desplegó en el Teatro Cervantes todo su arsenal sónico y lumínico para deleitarnos con la obra de Pink Floyd


Algo que te ocurre a los trece años puede influenciarte para el resto de tu vida, y aquella tarde en la que logré reunir la cantidad necesaria para correr hacia la tienda de discos del barrio y comprar un nuevo doble vinilo llamado ’The Wall’  fue uno de esos momentos clave. A partir de ahí esos sonidos e historias, tremendamente atractivas para un adolescente, me han acompañado siempre. Por eso Pink Floyd siempre serán importantes para mí.

Con los británicos ya fuera de la carretera, cuesta renunciar a su obra y es quizás ese el motivo de que los Pink Tones, una banda para los que los Floyd ya no tienen secretos, lleve ya más trece años en activo.
La expectación era grande y la afluencia masiva para contemplar uno de los espectáculos más fieles a sus shows, cuya combinación entre música e iluminación tuvo enorme importancia ya desde sus inicios psicodélicos a finales de los sesenta. Y  las casi tres horas de concierto el pasado 11 de marzo en el Teatro Cervantes creo que no defraudaron al más exigente seguidor de los ‘fab four’ del progresivo.
Álvaro Espinosa comanda la nave de tonos rosáceos con un desparpajo a la voz y, sobre todo, a la guitarra, que nos hace soñar que estamos ante el mismo Dave Gilmour. Tras los contundentes tambores, Toni Fernández gestiona los destinos de la formación con la misma seguridad que golpea sus parches. Y, casi oculto tras los teclados, Nacho Aparicio obtiene complejos ambientes, esas cortinas de sonido concebidas por Wright, con experimentada pericia. Junto a estos tres pilares fundamentales, Edu Jerez al bajo, Pipo Rodríguez alternando vientos y guitarras, Alberto Álvarez en teclados, bajo y percusión, y unas bellísimas Cristi López y  Suilma Aali a los coros completan el octeto.
Tras una corta intro instrumental los despertadores anunciaron el clásico  ‘Time’, y de inmediato llegó ‘Pigs (Three different ones)’ el único tema del ‘Animals’ en la noche. Yo esperaba escuchar más de ese disco algo maldito, pero al menos eligieron mi favorito. Tras ‘What do you want from me’ de su etapa Gilmour retrocedieron súbitamente al 68  para sumergirnos en dos clásicos psicodélicos: el ondulante y oriental ‘Set the controls for the heart of the sun’ y ‘A Saucerful of secrets’, con órganos eclesiásticos elevándonos a otra dimensión sonora.
Obligado el viaje a la cara oculta de la luna, con su cara B casi al completo, empezando por la siempre vigente ‘Money’, y las tres finales ‘Any Colour You Like’, con protagonismo de los sintetizadores, ‘Brain Damage’ y ‘Eclipse’. La emotiva ‘Mother’ y  ‘One of these days’, dieron paso a lo más representativo del sonido Floyd: ‘Shine on your crazy diamonds’. Increíble potencia sonora la de esta suite, complementada con  el fantástico círculo de luces que la banda estrenó en nuestra ciudad. Lograron emocionarme ante tamaña obra maestra. Concluyeron su paseo por el famoso disco del hombre quemado con una potentísima ‘Have a Cigar’ y el celebérrimo homónimo ‘Wish you were here’.
Solo una vez intervino Álvaro – para no romper la atmósfera con presentaciones innecesarias-, y fue para pedir silencio – algún sector del público molestó más de lo deseable - encaminado al disfrute máximo de otra gran suite del progresivo: ‘Echoes’. El sonido submarino, conseguido filtrando el piano por el Leslie del hammond la identifica al instante. Le aportaron personalidad, dando lugar a otro momento sublime de la noche.
Y reapareció con fuerza ‘The Wall’, obra cumbre del obsesivo Waters, con su atronador ‘In the flesh’  y la mini-suite ‘The thin ice/Another Brick 1/The Happiest/Another Brick 2 y 3’, asomando por el escenario el hinchable gigante del antipático profesor diseñado por Scarfe, agitándose al ritmo funk del tema más comercial de los británicos.
Para la apoteosis final reservaban otros dos platos fuertes del muro floydiano: la casi heavy ‘Run like hell’ y esa obra maestra que demuestra que una balada puede convertirse en el tema más potente que uno pueda imaginar: ‘Comfortably numb’, con un Álvaro Espinosa ya en éxtasis con su guitarra, dándolo todo en el solo final, finalizando un viaje en el que soñé despierto con una de las mejores bandas nacionales reinterpretando una música que ya es eterna.


sábado, 11 de marzo de 2017

Entrevista a Nacho Aparicio, teclista de Pink Tones

“Una filarmónica interpreta a Mozart, nosotros a Pink Floyd”

Pink Tones, una banda que interpreta a la perfección a Pink Floyd hoy en el Cervantes


Hace más de una década unos amigos decidieron unir sus talentos para interpretar la música de una de las bandas más míticas del rock: Pink Floyd. “Todo empezó en el 2003 con Álvaro Espinosa, nuestro guitarrista, a través de un anuncio en el que buscaba teclista. Me atrajo la idea de tocar la música de Pink Floyd, uno de mis grupos de referencia. Nos conocimos y a partir de ahí incorporé dos amigos de anteriores proyectos, Cefe Fernández al bajo y Toni Fernández a la batería. Justo las personalidades necesarias para construir este proyecto y hacerlo durar durante todos estos años”, nos cuenta Nacho Aparicio, el teclista de los Tones.

Comienzan tocando temas más conocidos, pero poco a poco amplían su repertorio hasta abarcar prácticamente toda la discografía de la banda. “Los primeros conciertos eran más cortos y con los hits esperados. Pero siempre nos ha gustado buscar cosas no tan populares. No podemos quitar las canciones que todos conocen, pero hemos llegado a introducir temas de ‘More’, ‘Obscured by Clouds’ o de ‘Ummagumma’ por ejemplo”, confiesa Nacho, el responsable de reproducir fielmente la complejidad de sonidos de Rick Wright, “En general la complicación de las partes de Wright es la búsqueda de sonidos, esas atmósferas que dominaba como nadie. Uno de los temas donde tiene más protagonismo es ‘Shine on you crazy diamond’: tiene atmósfera, mucho Moog, pianos funky, etc. Es el tema que mejor resume su legado y el que más tiempo ha requerido para hacerlo sonar”, comenta Aparicio, que reconoce disfrutar con otro de los temas más representativos de los Floyd “Me divierto mucho tocando ‘Echoes’. Me parece el tema con mayúsculas, no falta en los repertorios, y es una demostración de lo que se convertiría Pink Floyd en los siguientes discos.

En la web de la banda figura esta frase: "No nos sentimos un grupo tributo, y al igual que una filarmónica interpreta Mozart, nosotros interpretamos Pink Floyd”. Según Nacho “A algunos le parece ofensivo que se interpreten temas de otros artistas, pero solo ocurre con la música rock. Nadie lo objeta con la música clásica, ópera, ballet, teatro o incluso cine.

Pink Tones suenan fielmente a los Floyd de los 70 usando instrumentos actuales. “…usar la tecnología de esa época es complicado, habría que transportar decenas de teclados, sería imposible llevarlos al directo. Utilizamos instrumentos actuales con tecnología que permite emular esos sonidos”, desvela Nacho.

En su espectáculo no olvidan la parte visual, complicada y costosa pero, según el teclista, necesaria: “No miramos si merece la pena, intentamos presentar un espectáculo digno y que llegue al público. Lo visual era muy importante en los espectáculos de Pink Floyd, y lo es también para nosotros.
Por último, preguntamos a Nacho si el próximo sábado sonarán esos clásicos que todos esperan. “No pueden faltar nunca los ‘Money’, ‘Another brick in the wall’, ‘Comfortably Numb’, ‘Shine…’  pero no hay que olvidar los temas menos conocidos que van a hacer a los fans recordar momentos muy bonitos.

En esta gira que pasa por Almería los Pink Tones prestarán especial atención al disco 'Animals', una obra conocida y valorada solo por los más entusiastas de la banda. ”Es un disco muy de fans, no tan conocido para el resto. Disco difícil, transición entre dos joyas como ‘Wish you were here y The Wall. Pocos temas, extensos, que no llegan fácilmente al público y supuso el inicio del liderazgo completo de Roger Waters. Queríamos volcarnos en este disco, intenso, directo y con momentos únicos que no hay en otros de Pink Floyd”.